
Llegó de nuevo e
l días de mi infancia
cuando vi –por primera vez- esa hoya de viejos robles,
Era el mismo lugar –las hiervas exuberantes y salvajes
se adherían alrededor de un altar cuyo signo esculpido invocaba
al innombrable para quien se levantan, hace mucho,
mil humanos desde sucias torres apiladas.
l días de mi infancia cuando vi –por primera vez- esa hoya de viejos robles,
grises con esa neblina de suelo que envuelve y sofoca
las formulas furtivas que la locura ha profanado. Era el mismo lugar –las hiervas exuberantes y salvajes
se adherían alrededor de un altar cuyo signo esculpido invocaba
al innombrable para quien se levantan, hace mucho,
mil humanos desde sucias torres apiladas.
Vi el cuerpo extendido en esa piedra húmeda,
y supe que esas cosas que festejaban no eran hombres;
y supe que ese extraño mundo gris no era el mío,
sino yuggoth, más allá del vacío estrellado… y entonces
el cuerpo me gritó con un grito de muerte
¡y demasiado tarde comprendí que ese cuerpo era el mío!
y supe que esas cosas que festejaban no eran hombres;
y supe que ese extraño mundo gris no era el mío,
sino yuggoth, más allá del vacío estrellado… y entonces
el cuerpo me gritó con un grito de muerte
¡y demasiado tarde comprendí que ese cuerpo era el mío!


