Alabanzas a los Primigenios, música con letra e inspiración lovecrafiana.


miércoles 15 de julio de 2009

Recuerdo


Llegó de nuevo el días de mi infancia
cuando vi –por primera vez- esa hoya de viejos robles,

grises con esa neblina de suelo que envuelve y sofoca
las formulas furtivas que la locura ha profanado.
Era el mismo lugar –las hiervas exuberantes y salvajes

se adherían alrededor de un altar cuyo signo esculpido invocaba

al innombrable para quien se levantan, hace mucho,
mil humanos desde sucias torres apiladas.

Vi el cuerpo extendido en esa piedra húmeda,
y supe que esas cosas que festejaban no eran hombres;
y supe que ese extraño mundo gris no era el mío,

sino yuggoth, más allá del vacío estrellado… y entonces
el cuerpo me gritó con un grito de muerte
¡y demasiado tarde comprendí que ese cuerpo era el mío!

martes 31 de marzo de 2009

La Llave


La llave

No se que recodos en la desolación
de esas extrañas veredas costeras me trajeron a casa de nuevo,
pero en mi porche temblé, empalidecido de prisa
por entrar y cerrar con cerrojo la pesada puerta.
Yo tenía el libro que señalaba el camino oculto
a través del espacio y a través de los biombos que cuelgan del espacio,
que controlan los mundos sin dimensiones,
y que mantienen a los eones perdidos en sus propios territorios.

Por fin fue mía la llave para esas visiones vagas
de espirales crepusculares y bosques en penumbra que se generan oscuros,
en los abismos mas allá de las precisiones terrestres
acechando como memorias de infinitud.
La llave era mía, pero mientras yo estaba sentado allí farfullando,
la ventana del ático de sacudió con un lánguido estremecimiento

lunes 23 de febrero de 2009

Busqueda




Puse el libro bajo mi levita, cuidándome
de esconderlo de la vista en un lugar como ese;
apresurándome por las antiguas veredas del puerto,
volviendo seguido la cabeza y con paso nervioso.
Embotadas, furtivas ventanas de viejos ladrillos vacilantes
me atisbaron, inquietantes, mientras yo pasaba
e imaginando que guardaban llegué a enfermarme
por un vislumbre de limpio cielo azul.

Nadie me había visto tomar el libro – pero todavía
quedaban ecos, en mi cabeza mareada, de una risa negra,
y pude adivinar que palabras nocturnas y malsanas
acechaban en el volumen que había codiciado.
El camino se volvió extraño….. las paredes iguales y enloquecedoras…
y, lejos, con un ruido sordo, detrás de mi, se oían pies invisibles.